El violador es la verdad del grupo: sicopolítica de la violencia sexual en los centros de tortura (Chile, 1974-1976)

Objetivo/Contexto: proponer una lectura analítica de las historias de la violencia político-sexual desatada en los centros de tortura de la policía secreta (Dirección Nacional de Inteligencia – dina) durante la dictadura en Chile (especialmente el periodo 1974-1976). El análisis devela mecanismos ps...

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গ্রন্থ-পঞ্জীর বিবরন
প্রকাশিত:URI:https://journals.openedition.org/histcrit,
প্রধান লেখক: Pavez Ojeda, Jorge
বিন্যাস: Article ou chapitre numérique
ভাষা:Espagnol
প্রকাশিত: Historia Crítica 2022
বিষয়গুলি:
অনলাইন ব্যবহার করুন:Accès Université d'Orléans et IFPM
বিবরন
সংক্ষিপ্ত:Objetivo/Contexto: proponer una lectura analítica de las historias de la violencia político-sexual desatada en los centros de tortura de la policía secreta (Dirección Nacional de Inteligencia – dina) durante la dictadura en Chile (especialmente el periodo 1974-1976). El análisis devela mecanismos psicosociales del sadismo que caracterizó a los agentes protagónicos de esa violencia sexual. Metodología: la investigación se basa en el seguimiento y el análisis discursivo de “falsos” testimonios, ofrecidos por algunos torturadores conocidos (Osvaldo Romo, Miguel Krassnoff, Ingrid Olderock) y divulgados en publicaciones impresas, registros audiovisuales y documentos judiciales, que se fueron dando a conocer entre 1990 (inicio del primer gobierno civil de transición) y el 2014 (presentación de las primeras querellas judiciales por torturas sexuales). Originalidad: el artículo ofrece una interpretación sicopolítica de la violencia político-sexual, presentada como producto de una institución prostituyente sádica, operada por torturadores cuya “verdad” fue la del contrato social y sexual perverso de la dictadura: una verdad que asomó también respecto al “pacto de silencio” y ocultamiento del negacionismo en los desajustes implícitos en sus discursos. Conclusiones: el análisis permite concluir que el contrato socio-sexual de la dictadura necesitó fomentar, capturar y alimentarse del sadismo de los sujetos contratados como agentes secretos, normalizando el apathos sádico y la crueldad sexualizada desatada en espacios de excepción (los centros clandestinos de detención y tortura), desde los que se impuso y reforzó la “normalidad” exterior a esos espacios como proyecto de dominación patriarcal autoritaria.